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El Aislamiento – La soledad pandémica COVID-19

El Aislamiento – La Soledad Pandémica COVID-19

No. Lamentablemente no sabemos de todo, y en lo que no tenemos una experticia, buscamos la mejor para compartirla con ustedes y a así, cumplir con nuestro compromiso de asesorarlo a “TIEMPO Y CON LA VERDAD” y hoy lo estamos haciendo, otra vez.

EL AISLAMIENTO

“Hola. Finaliza para algunos la tercera semana de aislamiento preventivo y la cuarta para otros (yo entre ellos). Estar confinado al espacio reducido de la casa puede comenzar a resultar restrictivo; más todavía sabiendo que solo estamos retrasando lo inevitable ya que cerca del 60% de nosotros estamos destinados a contagiarnos en algún momento de este año… también es relevante acotar que muchos pudimos habernos infectado sin percatarnos, pues el COVID-19 en un 80% de los casos cursa sin síntomas o con síntomas leves. De cualquier manera, una de las cosas más importantes en estos momentos es que el remedio no se nos vuelva peor que la enfermedad.

El confinamiento es una situación atípica para el ser humano que ha sido estudiada hace ya muchos años en contextos “naturales” como las cárceles y los cuarteles o artificiales como las estaciones espaciales o los diversos recintos experimentales habilitados para este tipo de ensayos en diversas universidades de EEUU y Europa. No somos una especie de espacios reducidos (tampoco somos, pese a que nos hemos extendido por la superficie del mundo, una especie de espacios enormes); nos sentimos cómodos, en un territorio extenso y variado e incursionamos paulatinamente en los aledaños guiados por la curiosidad, Tampoco somos una especie solitaria, ni de grupos diminutos (y mucho menos de multitudes como las que abarrotan las ciudades grandes); lo que nos es natural son los clanes que interactúan con otros clanes permitiendo que la experiencia se diversifique y nos enriquezca progresivamente por el contacto cercano con los otros.

En las situaciones de aislamiento voluntario (no como cuando alguien va preso, ahí la cosa es por completo diferente) reaccionamos con una suerte de excitación y entusiasmo por la novedad durante dos o tres semanas, disfrutamos hacer cosas diferentes con nuestro tiempo, abusamos del ocio con gusto y paladeamos la sensación de “hacer lo que nos da la gana” con nuestro tiempo; hasta que nos da la gana hacer otras cosas Que la restricción no nos permite y comienza la etapa de las frustraciones.

Pasada la cuarta semana la noción del tiempo se hace laxa y las rutinas comienzan a desdibujarse, ahí comienza el peligro ya que se compromete una serie de fuerzas externas que mantienen estructurada nuestra mente. Comenzamos a pasar más tiempo en la cama o a dormir de día y vivir de noche perdiendo los ritmos de sueño y vigilia, a descuidar el aseo personal, a abusar de la televisión y los juegos de vídeo, ya que consideramos que no tenemos nada que hacer; en realidad estamos cediendo el locus de control interno y ante la ausencia del externo, que no nos pide nada más que quedarnos en casa, dejamos que fragmentos importantes de la autonomía se los lleven la inercia y la entropía (bienaventurado el que tiene trabajo aunque sea en remoto).

A partir de ahí los objetivos se difuminan y se hace imprecisa la visión de nuestro futuro, no estamos con ello viviendo más en el presente; pasamos a habitar un espacio sin tiempo, un limbo donde moramos con escasa reflexión, sin autoconciencia y con poco uso del poder personal.

Al desvincularnos de nosotros mismos la identidad se resiente y comienzan a aparecer dos síntomas de alarma: la irritabilidad y el retraimiento. Con el primero nos volvemos intolerantes hacia el entorno y hacia los que lo comparten con nosotros, las peleas por cosas insignificantes comienzan a hacerse cada vez más frecuentes, comenzamos a culpar a los que tenemos cerca de casi cualquier cosa y los vínculos interpersonales se resienten, en ocasiones de manera duradera o permanente (sobre todo cuando alguno de estos vínculos no se encontraba todo lo sano que debería de estar); estamos entonces de camino a la ansiedad.

Con el segundo de los síntomas: el retraimiento, las personas con las que compartimos el espacio empiezan a fastidiarnos, están demasiado cerca, demasiado metidas en cada cosa de nuestra existencia; tanto que comenzamos a necesitar encerramos en algún lugar en que no las veamos aunque estén sentadas al lado. Eso se extiende luego a los espacios físicos, la casa no nos gusta, el ambiente se hace irrespirable; y a la situación inescapable que nos rodea.

El deseo de evasión nos lleva al sueño extendido, a perdernos sin rumbo en las noticias repetitivas, en las páginas de internet que hablan de todo y de nada, en el alcohol; en fin, al modo de evasión que tengamos más a mano; vamos camino a la depresión. Hay otros caminos menos frecuentes, pero no por ello menos peligrosos, como el de la disociación, la paranoia y la psicosis; el del intento de control maniaco de cada cosa que sucede a nuestro alrededor; el de la compulsión sustitutiva de la sobrealimentación, la masturbación o la ingesta de sustancias.

Existen pocas estrategias exitosas para mantener la integridad psíquica en las situaciones prolongadas de aislamiento. El cosmonauta ruso Valery Polyakov pasó 437 días consecutivos en la Estación Espacial MIR. Sergei Krikalev estuvo 311 días varado en la misma estación espacial durante la caída de la URSS sin saber si alguien le iría a buscar, Scott Kelly 340 y Christina Koch 328 días en la Estación Espacial Internacional; todos ellos en una única misión. El caso de Krikalev es particular ya que se encontraba solo y con un futuro muy incierto.

¿Cómo hicieron para no verse afectados física y psicológicamente? Bueno. Algunos no lo consiguieron a pesar de la notoriedad, de los títulos honoríficos, de los récords y la publicidad. Las consecuencias físicas de descalcificación y pérdidas en ocasiones irreversibles de masa muscular fueron acompañadas de algunas neurosis de larga data similares a las de los primeros hombres en pisar la luna. Otros en cambio recibieron un entrenamiento psicológico previo que marcó una notable diferencia. Lo que podemos sacar en claro de estas y otras situaciones parecidas como recomendaciones útiles para nuestra particular situación es que:

  1. Es imprescindible conservar vivos nuestros objetivos laborales, de estudios y personales.
  2. Mantener una razonable segmentación del tiempo: tiempo para producir material o intelectualmente, tiempo de ocio, tiempo para vincularnos socialmente, tiempo para alimentarnos, entrenarnos y descansar. Todo ello con sus respectivos horarios.
  3. Una rutina de ejercicios de al menos una hora por día.
  4. Una alimentación balanceada y sana.
  5. Cuidado diario de nuestro aseo personal.
  6. Cambiarse de ropa según la actividad.
  7. Sin importar cuán pequeño sea el espacio en que vivimos (pocas veces vamos a contar con tan poco como el que hay en una nave espacial), desarrollar las distintas actividades en diferentes ambientes y cambiar de entorno dentro de casa con frecuencia.
  8. Mantener un contacto diario (aunque sea por medios virtuales) con las personas afectivamente relevantes. Idealmente hablando, viéndolas y tocándolas; de no ser posible viéndolas y hablándoles y, en el peor de los casos, nos conformaremos con la conversación telefónica o el chat.
  9. Mantener una conexión sensual y creativa con nuestras parejas.
  10. Tener un tiempo para la intimidad intrapersonal en vigilia en el que nos dedicaremos a reflexionar, meditar o simplemente estar solos un rato. Estar en un espacio reducido por largo tiempo con la pareja, los padres o los hijos puede resultar bastante exigente.

Espero que esto te sirva para estar mejor y para transitar este tiempo tan complicado con buen pie. Quiero que te cuides mucho, para ti, cuídate mucho para la gente que te quiere y, también, cuídate mucho para mí ya que me encuentro entre estos últimos.”

Por el Dr. Jesús Miguel Martínez, Medico (UCV) especialista en Psiquiatría, radicado en España.

Nuestra modesta opinión, sobre un tema que no dominamos, los venezolanos deberíamos de sentirnos muy orgullosos, de contar con un Profesional destacado, vistiendo los colores Patrios en otro país, cualquiera que este sea, y más si es en Europa, se cumple el adagio: 

“NADIE ES PROFETA, EN SU TIERRA” 

La soledad, por estas fechas, es nuestra compañera, y de este tema, si sabemos y bastante, les hemos escrito reiteradamente sobre ella, y no siempre, estar solos, es malo, porque entre las muchas formas de soledad, está la soledad del que está mal acompañado, y en tiempos como los que por estas fechas transitamos, simplemente; es insoportable, para ello, mejor es estar solo, que mal acompañado, ¿Verdad?, ojala esta no sea la que pudiera estar acompañándote en esta Pandemia, pero; no podrás negar, que es una excelente oportunidad de Re-Pensar en tu futuro, ¿Verdad?

 Hasta aquí se los dejo, “Por Ahora”, ¡Ha! y no peleen,… ¡hasta después de la Pandemia!,… de verdad; no vale la pena.

Somos de Uds.
JCHB. Lic. Jorge Amador Chávez Bocanegra
Presidente Ejecutivo